¿Sabías que… Hilma af Klint fue la pionera del arte abstracto?
Hilma af Klint: La visionaria del arte abstracto que el mundo ignoró
Hilma demostró su talento artístico desde muy joven y creó sus primeras obras en 1906, cuando aún nadie hablaba de arte abstracto. Fue una pionera absoluta, adelantándose en varios años a los grandes nombres que aparecen en todos los manuales de Historia del Arte: Kandinsky, Mondrian o Malevich. Pero como tantas veces ocurre en la historia del arte, era mujer, espiritualista y adelantada a su tiempo: tres ingredientes que garantizaban el olvido.
Hilma af Klint en su estudio de Estocolmo, 1885. Wikimedia Commons
El canon del arte moderno, que tradicionalmente ha favorecido voces masculinas, ignoró su aportación. Su obra permaneció guardada en cajas, sin exponer ni una sola vez en vida. No fue hasta 1986, décadas después de su muerte, que por fin comenzó a verse su trabajo. Y en 2018, su gran exposición en el Guggenheim de Nueva York atrajo a más de 600.000 visitantes, batiendo todos los récords del museo.
Libreta de Hilma af Klint, 1919, Wikimedia Commons
Educación artística en tiempos difíciles
Hilma nació el 26 de octubre de 1862, en Solna, Suecia. Fue hija de Mathilda Sonntag y del almirante Victor af Klint, una familia sueca acomodada que valoraba la educación y la ciencia, lo que le permitió acceder a formación artística sin grandes trabas. Desde pequeña, podía sumergirse en la gran biblioteca familiar, y esos libros le despertaron una curiosidad voraz y unas ganas irrefrenables de explorar más allá de lo tangible.
En 1882, ingresó en la Real Academia Sueca de Bellas Artes. Esta institución contaba desde 1864 con una sección femenina independiente, lo que permitía a las mujeres estudiar dibujo al natural y otros contenidos que en otras academias les estaban vetados.
En los años de formación, destacó como una de las alumnas más brillantes de su generación. Tras graduarse con honores en 1887, se mudó a un piso-estudio en el corazón artístico de Estocolmo. Allí entró en contacto con el ambiente bohemio, las exposiciones y los debates del arte de vanguardia. También se integró en los círculos feministas de la ciudad. Pero mientras se ganaba la vida pintando retratos, bodegones y paisajes (lo que se esperaba de una pintora profesional), en su interior bullía algo distinto. Hilma no quería pintar lo visible, sino lo esencial.
Hilma af Klint. El último verano, 1903. Wikimedia Commons
El impacto de una pérdida: el origen de su vocación espiritual
En 1880, su hermana menor Hermina falleció de una gripe, con apenas diez años. Hilma acompañó a su hermana en el lecho de muerte y esta experiencia la marcó para siempre. Fue ese duelo silencioso el que la empujó a buscar respuestas en lo invisible: en la espiritualidad, la muerte, los mundos inmateriales.
El espiritismo, que estaba en auge a finales del siglo XIX entre intelectuales y artistas, fue para Hilma una vía de conocimiento real. Nada de modas pasajeras: ella quería comprender el universo desde otro lugar. Así fue como llegó a combinar sus estudios artísticos con sesiones de contacto espiritual, escritura automática y meditaciones colectivas. Se convirtió en medium, sí, pero también en una especie de canal, de puente entre mundos.
Hilma af Klint, Ten largest, 1907. Wikimedia Commons
De Fem
En 1896 formó junto a cuatro mujeres más (Anna Cassel, Cornelia Cederberg, Sigrid Hedman y Mathilda Nilsson) un grupo llamado «De Fem» («Las Cinco»). Se trataba de una hermandad mística de mujeres que combinaban arte, filosofía y espiritismo. Se reunían cada viernes, para entrar en contacto con los «guías espirituales» o como ellas los llamaban, los Altos Maestros».
Hilma fue la que más veces hizo de Medium, ya que tenía la capacidad de canalizar los mensajes aún estando consciente. Tras esas sesiones, ella empieza a pintar lo que sus guías espirituales le van indicando. Anota y dibuja una serie de libros y luego lo traspasa a un lienzo. Es una obra que nunca expuso en vida porque decía un amigo suyo que el mundo no estaba preparado todavía para entender este tipo de obras.
«Las imágenes fueron pintadas directamente a través de mí, sin dibujos preliminares, y con gran fuerza. No tenía idea de lo que se suponía que representaban las pinturas; y sin embargo, trabajé con rapidez y seguridad, sin cambiar ni una sola pincelada» – dijo
Hilma af Klint, The ten Largest, Número, 1907. Wikimedia Commons
Las pinturas para el templo: un proyecto monumental
En una de las sesiones, los Altos Maestros encomendaron a Hilma una misión: representar el viaje del alma humana en una serie de pinturas que debían formar parte de un «templo». Entre 1906 y 1915, realizó 193 pinturas agrupadas bajo el título Las Pinturas para el Templo. Las realizaba en series de 10, 20,… No hay obras individuales.
Estas obras de gran formato combinan formas geométricas, espirales, mandalas, flores, y una paleta de colores planos inédita en la época. Son composiciones que exploran la dualidad, la evolución espiritual, el equilibrio entre lo masculino y lo femenino. Nada que ver con el cubismo, el fauvismo o el expresionismo abstracto. Su obra era canalizada, directa e intuitiva.
Nunca expuso las obras que realizó de arte abstracto, consciente de que su lenguaje simbólico no sería comprendido. No porque ella no quisiera compartirlas, sino porque sabía que el mundo no estaba preparado. Ni el arte, ni la ciencia, ni la sociedad entendían que una mujer pintara en trance, conectando con otras dimensiones. Por eso, las guardó sus obras en cajas y dedicó el resto de su vida a documentarlas, ordenarlas y analizarlas.
No es hasta la década de los años 80, que se empiezan a exhibir. Por este motivo, siempre se ha pensado que el precursor del arte abstracto, fue Kandinsky.
En 1908, tomó un descanso en la creación de las pinturas para el templo, ya que se cambia de estudio. Además, tuvo que cuidar de su madre, que estaba muy enferma, y había perdido la visión. En 1912, retoma la creación porque sus guías espirituales le siguen hablando.
Hilma af Klint, The ten largest, Youth, número 3, 1907. Wikimedia Commons
Un legado en cuadernos, manuscritos y visiones
Hilma no sólo pintaba. Reflexionaba, escribía, teorizaba. Dejó más de 124 cuadernos y cerca de 26.000 páginas manuscritas. En ellos explicaba el simbolismo de su obra, sus visiones, su filosofía espiritual y sus experimentos artísticos.
Incluso creó un «museo portátil»: un maletín con miniaturas de todas sus obras y anotaciones detalladas. Lo llevaba consigo a conferencias y reuniones para compartir sus ideas sin necesidad de transportar sus enormes lienzos.
Un deseo postergado: el museo del alma
Durante un tiempo, soñó con construir un templo específico para albergar su obra, en el orden previsto por los Altos Maestros. Pero ese sueño nunca se materializó. En 1920, con la muerte de su madre, Hilma se trasladó a Suiza y se implicó a fondo en los estudios teosóficos y la obra de Rudolf Steiner, líder espiritual con quien ya había tenido contacto. Pese a que Steiner admiraba sus cuadros, le aconsejó que no los mostrara al público hasta cincuenta años después de su muerte.
Ella le hizo caso, pero rebajó el plazo a veinte años. En su testamento dejó escrito que sus obras no debían mostrarse hasta pasadas dos décadas de su muerte. Falleció en 1944, atropellada por un tranvía, a punto de cumplir 82 años. No se casó nunca. No vendió nunca una sola obra de su producción abstracta. Pero dejó un legado revolucionario.
Su sobrino Erik abrió los baúles en 1964 y encontró un tesoro oculto. Dentro, encontró un tesoro artístico y espiritual sin precedentes. Sin embargo, los museos no estaban interesados. El MoMA rechazó incorporar sus obras. No se quería cambiar la historia del arte.
Redescubierta, finalmente
El primer gran reconocimiento llegó en 1986, con la exposición «Lo espiritual en el arte», en el Museo de Arte de los Ángeles. Existen 124 manuscritos con sus anotaciones de pinturas.
En 2013, el Moderna Museet de Estocolmo organizó una gran retrospectiva. Pero el punto de inflexión llegó en 2018, cuando el Guggenheim de Nueva York albergó una exposición dedicada exclusivamente a su obra. Fue la más visitada de la historia del museo.
Hoy, Hilma af Klint ya no es solo una figura excéntrica del esoterismo. Es una de las artistas más influyentes del siglo XX. Su historia nos recuerda que el arte también puede ser un medio de conocimiento, de fe y de libertad.
Hilma af Klint, Exhibición en el Museo Guggenheim, NY (15 de diciembre de 2018). Wikimedia Commons
Hilma af Klint no buscó fama ni reconocimiento. Pintaba como una misión, como un puente entre mundos. Hoy, por fin, su legado se abre paso entre las sombras, iluminando una nueva historia del arte que ya no se puede contar sin ella.
* * *
Las imágenes utilizadas en este blog tienen fines educativos y de divulgación cultural. Si eres titular de derechos y deseas que se retiren, por favor, ponte en contacto conmigo.

